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Pablo

UNA MESA PARA DOS Y UN MATCH EN LA VIDA REAL

A la derecha era que sí, a la izquierda era que no. No le convencía demasiado la técnica pero sabía que era la única manera. Una notificación significaba empezar de cero. Y cada vez que sonaba el “pling” se le aceleraba el pulso.

Tras unos quince chats a medias, decidió que a la próxima cambiaría el chat de Tinder por una conversación en un restaurante. Reservó una mesa para dos y por fin hicieron match en la vida real.

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